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Vistabella, población de 35 habitantes que posee una extensión de 21.8 Km2 y se encuentra a una altitud de 754m. Está situado a 60km al suroeste de Zaragoza y pertenece a la Comarca Campo de Cariñena.

Su casco urbano se asienta sobre la margen izquierda del río Huerva, cercado de montañas pobladas de carrascas, robles y aliagas. La iglesia parroquial está dedicada a  San Miguel Arcángel y fue edificio mudéjar en el siglo XVI, del que tan sólo quedan algunos restos de muro aprovechados cuando se levantó el actual edificio. En lo alto de un monte próximo, sobre el caserío de Vistabella se alza la ermita de Santa Quiteria, desde la que se contemplan hermosas vistas de la localidad, el cauce del Huerva  y los relieves montañosos.

La tranquilidad y el sosiego que se respiran en este pequeño pueblo, su paisaje y la belleza del río, son sin duda los mayores atractivos de Vistabella.

Historia de Vistabella

Se sabe que de los cerca de ochocientos años de existencia de Vistabella, según don Pascual Diarte Lorente, término de clara toponimia de repoblación cristiana, posiblemente de la segunda mitad del siglo XII o primera del XIII, durante seiscientos de ellos, formó parte de la excepcional experiencia histórica de la Comunidad de Daroca.

La simbología de los actuales escudo y bandera del pueblo permiten conocer mejor esa unión-síntesis histórico-económica de Vistabella con su pasado comunitario.

La carrasca ha sido siempre la base económica del lugar. Las gentes de Vistabella se han dedicado tradicional y mayoritariamente, consecuencia del duro medio natural en el que está ubicado el pueblo, a actividades forestales y ganaderas. Todavía conservan en sus mentes algunos vecinos la “Sociedad del Tío Alejos”, agrupación dedicada al noble y tradicional oficio del carboneo.

La fabricación de carbón vegetal, como industria tradicional de subsistencia, estuvo muy arraigada en los pueblos montañosos del Sistema Ibérico Central. Y tanto en Vistabella como en la Comunidad de Daroca queda clara la importancia numérica de los carboneros, siendo las personas que se dedicaban a esta actividad de vender leña y carbón, tres de las cuartas partes de los habitadores de todo el Partido, según afirmaciones de don Domingo Mariano Traggia, esto sucedía en el siglo XVIII.

Igualmente, la tradición ganadera de Vistabella es indiscutible. Testigo de ello, quedan el paisaje natural que rodea esta localidad, además se conoce la cifra de 16 ganaderos existentes en esta localidad, en 1817, además de un total de 1.433 cabezas de ganado.

Y el otro símbolo heráldico, el escudo palado o cuatribarrado, situado en el corazón de la misma carrasca, sintetiza la historia política del pueblo, un lugar de realengo perteneciente a la Comunidad de Daroca, cuyo escudo de armas fue también el emblema personal de la casa Real de Aragón.

La historia de Vistabella coincide, hasta 1837, con la historia común de los más de cien pueblos que formaron la antigua Comunidad de Daroca. Esta institución político-territorial, a la que nunca perteneció la propia ciudad de Daroca, aunque le diera el nombre, nació en 1248, año en el que, mediante un privilegio del rey don Jaime I el “Conquistador”, los lugares que hasta entonces villa darocense. Todas aquellas aldeas, que habían surgido tras la reconquista de estas tierras, al amparo del fuero de Daroca, mostraron con este decidido gesto un atrevimiento y madurez política impropios de la época y consiguieron muy pronto organizarse autónomamente como comunidad. Esta Comunidad ocupaba una importante zona territorial de unos 3.700 kilómetros cuadrados, entre las actuales provincias de Zaragoza y Teruel. Eran las tierras comprendidas entre Cariñena y Singra y entre Josa o Muniesa y Used.

Dicha Comunidad estaba estructurada en seis distritos jurídico-administrativos llamados sesmas (Langa, Trassierra, Borrachina, Jiloca, Gallocanta y Honor de Huesca). A la sesma de Trassiera pertenecía Vistabella, esta estaba integrada por: Aladrén, Azuara, Bádenas, Cerveruela, El Colladito, Fombuena, Herrera, Lanzuela, Loscos, Luesma, Mezquita, Monforte, Moyuela, Nogueras, Paniza, Piedrahita, Rudilla, Santa Cruz, El Villar y la que nos interesa: Vistabella. Esta Comunidad se rigió siempre por un singular sistema sociopolítico, muy adelantado para la época: autonomía política, representación propia en las Cortes, autofinanciación y amplias competencias jurisdiccionales.

En la documentación sólo aparece un nombre, de un vecino de Vistabella ocupando un alto cargo de responsabilidad dentro del entramado político-administrativo de la Comunidad de Daroca. En el año 1667, Antonio Dueñas, de Vistabella, ocupó el prestigioso cargo de la sesma de Langa y, como tal, rindió visita ordinaria a los doce pueblos de la sesma entre mayo y septiembre de aquel año, cumpliendo las amplias competencias administrativas y judiciales que las Ordenanzas de la Comunidad adjudicaban a los sesmeros en el ámbito de su sesma. Reconocer pesos y medidas; ejercer el gobierno particular de cada villa o lugar de su sesma en caso de discordia o descuido; conocer, decidir y ejecutar en materia de límites y acequias; señalar las plazas y patios para edificar casas…

Vistabella fue siempre un núcleo de población de tamaño medio-bajo. Aunque ene l siglo XIV y comienzos del siglo XV, alcanzó los 20-30 vecinos (100-150 habitantes), su población cayó vertiginosa y sorprendentemente a lo largo del siglo XV debido, posiblemente, a alguna grave catástrofe epidémica o natural, pues, en 1488, el número de casas habitadas quedó reducido a 8 (unas 40 personas) y, en el muy fiable fogaje de 1495, Vistabella tan sólo contaba con 5 vecinos. En los siglos XVII y XVIII, la población de Vistabella osciló entre los 100 y los 300 habitantes y en el siglo XIX, entre 300 y 600, manteniéndose en torno a los 500 hasta mediados del siglo XX. El declive demográfico definitivo de Vistabella se inició, como en el resto del mundo agrario aragonés, en los años sesenta, pasando a 63 habitantes en 1981 y a 33 en 1991. Según la última revisión del padrón municipal, de 1 de enero de 2003, las personas censadas en Vistabella ascienden a 35.

Vistabella brilló con luz propia, siéndole centro de una sorprendente y desconocida industria vidriera y dando un aire de progreso y modernidad a una sociedad arcaica, poco evolucionada y anclada en modelos medievales.

Entre los siglos XVI y XVIII existió en Vistabella una importante y afamada industria vidriera. Prestigiosos historiadores y especialistas en la materia lo certifican y no dudan en reconocer que la calidad y belleza de los vidrios fabricados en Vistabella alcanzaron renombre nacional y hasta internacional.

Por los datos y opiniones encontrados, la industria vidriera de Vistabella de los siglos XVI al XVIII, como la de toda la zona nororiental de España, debió tener una clara influencia veneciana.

Aquellos antiguos maestros vidrieros de Vistabella tuvieron relativamente cerca, en el propio término del pueblo o en tierras de la Comunidad, muchas de las materias primas y energéticas necesarias para la fabricación de vidrio. Los hornos artesanales tradicionales de crisoles, como los que posiblemente hubo en Vistabella en los siglos XVI y XVII, se construían con arcilla refractaria e infusible, tenían planta circular y ovalada y se cerraban en cúpula.

Como conclusión, dentro de la historia de Vistabella podemos hablar de su pertenencia a la Comunidad de aldeas de Daroca, con una población que paulatinamente fue en descenso y que durante los siglos de mayor apogeo, los habitantes de esta localidad crearon una pequeña industria de vidrio y de carbón, siendo esta última una de las actividades a la que se dedicó esta población hasta el pasado siglo XX.

Bibliografía consultada:  (DIARTE LORENTE,Pascual)  Presente y Pasado de Vistabella, Asociación Cultural y Recreativa “El Güeira” Vistabella (Zaragoza) 2004.